
Fecha: 20 de junio de 2008
Lugar: DP Park 2000, el estadio más antiguo de HT, propiedad del Dynamo Patricia.
Partido: Leyendas Venezuela vs. Leyendas Argentina [matchid=175114012]
Alineaciones:
Venezuela: Berenguer - González, Ponce, Carrillo López - Omoretto, Albelda, Quevedo, Álvarez - Barandiarán Piedra, Díaz, Barroso.
Argentina: Baillo - O’Farrell, Noruega, Barandiarán Piedra - Peludo, Manso Sainz, Rocamora, Maradona, Zalabardo - Zurita, Arregui.
El momento: Min. 30 “El árbitro le mostró a Diego Armando Maradona de Argentina la tarjeta amarilla después de una entrada muy peligrosa por detrás. Se libró de la roja de milagro. Rostros de preocupación en el banco de Venezuela. Tras la falta, el cuerpo médico tuvo que ingresar al terreno de juego. Pero Antonio Barandiarán Piedra no quería perderse este juego, y en una decisión llena de coraje, decidió continuar”.
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Es difícil encontrar un momento para marcharse. Con 41 años y tras 21 temporadas jugando en la élite, las habilidades decaen y uno ya no sabe cómo contribuir a su equipo. En cierto modo, retirarse en el momento adecuado es más difícil que triunfar.
Coincidí con Diego Armando Maradona en Cuba cuando ambos tratábamos de desintoxicarnos de nuestras adicciones (la suya a las drogas y la mía al aceite industrial para mi pierna biónica). Charlábamos durante las largas sesiones de terapia sobre nuestros triunfos, sobre las tardes de gloria y el dulce sabor del éxito… Pero también sobre lo duro que es ser una estrella, caer en el olvido, lo difícil que es dejarlo.
Una tarde en la que el sol se ponía suavemente sobre las aguas del Caribe, hicimos un juramento, un pacto entre hermanos de sangre. El que no lograra bajarse con dignidad del vertiginoso carrusel del éxito, contaría siempre con el otro para retirarse, con esa dignidad de la que el abandono de los flashes y los focos nos había privado.
Y el partido de las leyendas entre Venezuela y Argentina era la ocasión ideal. Rodeado de los jugadores más legendarios de toda la historia de Hattrick. Jugando por primera y última vez en mi carrera contra simontxo, que dirigía en ese partido a la selección Argentina. Ganándole a simontxo 1-0. Cayendo lesionado, pero sin abandonar la cancha, mostrando coraje hasta el último minuto. Retirado por el mejor jugador de la historia del fútbol mundial… Nunca soñe con una despedida así. Nunca aspiré a un honor tan alto.
Cuando llegue el día en el que Diego Armando quiera entrar en la leyenda, sabe que puede contar conmigo. Cada vez que lo vean en un acto público, en la televisión, o saludando a la muchedumbre desde un palco, sabrán que ABP puede salir en cualquier momento de una esquina y partirle las dos piernas al ‘10′ (aunque por una módica cantidad, se las parto también a quien me pidan). Tal vez no será hoy. Tal vez no será mañana. Pero el diá que Diego quiera reunirse conmigo en el Olimpo -cuyas puertas abrió para mí-, sabe que yo estaré ahí para ayudarle. Cojeando.
Gracias, Diego.