A estas alturas, tras 25 años y 6.432 montajes del director ya deberíamos saber todos que sí, que en Blade Runner el protagonista (Rick Deckard/Harrison Ford) es tan replicante como los Nexus 6 a los que da caza (para los amantes de la papiroflexia, la imagen adjunta explica cómo reproducir -en papel plateado, claro- el unicornio que delata a Deckard) y que si se deja en el aire la pregunta en el título es para salir mejor rankeado en Google.
El reestreno del film un cuarto de siglo después es una estupenda excusa para volver a verla y, de paso, hacer balance.
Sigue impactando…
- La ambientación, por encima de todo. Sin la lluvia incesante; sin los edificios decrépitos y las calles atestadas; sin el humo, la suciedad y el abandono; sin el mestizaje, la incomunicación y el caos; sin la desolación y la desesperanza que atrapa a los personajes, que les trepa por los tobillos, los torsos, y los ahoga… Sin ese 2019 asfixiante y desolador, Blade Runner sólo sería una historia más, basada en un relato de Philip K. Dick bastante insulso con un par de frases afortunadas. Pero, por suerte, es mucho más.
- Los efectos especiales. No sólo han mantenido el tipo con el paso del tiempo, sino que conservan el impacto que causaron en el momento del estreno.
- Rutger Hauer como Roy Batty. Inquietante.
Han envejecido…
- La química entre Harrison Ford y Sean Young, si es que alguna vez existió. Y no sólo porque ella lleve durante casi la mitad de la película un tupé a lo Rodolfo Chiquilicuatre. Pero a alguien que ha sido Han Solo e Indiana Jones se le puede perdonar que se deje ver en público con Sean Young, con Calista Flockhart o con Chewbacca.
- Que los buenos salgan fumando en pantalla y que para llamar por teléfono vayan a una cabina. Que el ordenador que tiene en casa parezca un Spectrum 48k (aunque eso sí, le des una foto en papel ¡y te cambia el ángulo de la cámara!). Que Deckard lleve una camisa y una corbata que parecen sacados de una revista de ropa de felpa para daltónicos.
- La música de Vangelis. Sigue siendo estupenda, pero 25 años de música electrónica no basan en balde.
- El product placement. Aunque encajado con estilo, es más llamativo que un tanque sobre un bebedero de patos. El anuncio de Coca-Cola es tan escandaloso que hasta el contenido aparece subtitulado en la V.O.S.. Y en el clímax de la película (el monólogo final de Roy Batty en la azotea, bajo la lluvia y con la paloma en la mano) las letras de TDK son tan grandes que en lugar de morir porque ha llegado su hora, parece que le van a matar las letras al caérsele encima.
Pero el día que juzguen a Ridley Scott por sus engendros (La teniente O’Neill, El reino de los cielos, Legend, 1492. La sombra del testigo…), él podrá subir al estrado y, en su defensa, decir simplemente: “Yo dirigí Blade Runner” (O Alien, o Gladiator). Y entonces la cámara se alzará para hacer un giro de 360º en vista aérea sobre él -como los que tanto gustan a su hermano Tony- y la sala romperá en aplausos. Y entonces ya sólo nos quedará por descubrir qué replicante de Ridley ha dirigido sus películas malas.
quien iba a decir que un gran futbolista deseoso de retirarse iba a estar tan bien informado en cine q ha vuelto a despertar mis ansias de blade runner.
por cierto, la aventura grafica otra obra maestra en la q a medio juego te terminas la peli.(ahi lo dejo, para los amantes de los clasicos…)
vaya, me dejo marcando ocupado tu post. No se me habia ocurrido darle ese contexto a las figuritas de papel de Gaff.
scott nos mandaba mensajes ocultos, qe solo un clinico podía descubrir.
aplausos.